La lógica parece contraintuitiva: operar al 95% de capacidad parece eficiente. Recursos activos, mínima holgura ociosa, productividad aparente máxima.

Pero la Teoría de Colas lo explica con precisión matemática: cuando la utilización de un sistema se acerca al 100%, el tiempo de espera no aumenta linealmente. Se dispara de forma exponencial.

En un sistema con variabilidad —y todo proyecto de construcción tiene variabilidad estructural— operar sin margen significa que cualquier perturbación, por pequeña que sea, genera acumulación. Y la acumulación se propaga.

Alta utilización sostenida no es eficiencia. Es fragilidad esperando manifestarse.

El margen operativo no es desperdicio. Es la capacidad de absorción que mantiene el sistema estable frente a lo inesperado.

Diseñar ese margen es una decisión técnica deliberada, no una concesión a la ineficiencia.