Mejores reuniones. Más frecuentes. Mejor preparadas. Con más participantes. Con tableros más sofisticados.

Y cuando el proyecto sigue deteriorándose, la conclusión habitual es que faltó más coordinación todavía.

Pero la coordinación no elimina límites físicos.

Cuando la densidad de trabajo en un frente supera su capacidad operativa real, la interferencia entre cuadrillas es matemáticamente inevitable. No importa cuán bien coordinados estén. No importa cuántas reuniones ICE se hayan realizado. No importa cuán comprometido esté el equipo.

Un espacio con capacidad para una cuadrilla no puede absorber el flujo simultáneo de dos cuadrillas con equipos, materiales y operaciones incompatibles. Eso no es un problema de coordinación. Es un problema de diseño de capacidad.

Confundir ambos tipos de problemas tiene un costo concreto: se invierte en reuniones cuando lo que se necesita es rediseño del sistema.

La coordinación opera dentro de los límites que el diseño del sistema le impone. Si el sistema está mal diseñado, la mejor coordinación del mundo solo administra el caos con más elegancia.