Y tiene un problema conceptual que la industria no quiere discutir: modela precedencias lógicas, no comportamiento operativo.
Un cronograma CPM describe en qué orden deben ocurrir las actividades. No describe a qué velocidad real ocurrirán. No modela interferencias dinámicas entre frentes. No captura saturación de recursos. No incorpora variabilidad.
Planificamos como si los tiempos fueran exactos. Como si la capacidad fuera infinita. Como si la variabilidad no existiera.
Y luego nos sorprendemos cuando la realidad no coincide con el plan.
El cronograma no está equivocado. Está incompleto.
Es una herramienta diseñada para organizar secuencias lógicas que hemos convertido en el modelo central de gestión de sistemas complejos. Esa es la brecha.
Un modelo de producción real necesita incorporar tasas de flujo, niveles de utilización, restricciones operativas y comportamiento probabilístico. El cronograma es apenas el punto de partida.
