Tiene décadas de desarrollo en ingeniería industrial, logística, telecomunicaciones y sistemas de salud. Sus conclusiones están validadas matemáticamente y probadas en entornos productivos de alta complejidad.

Pero en gestión de proyectos de construcción, su aplicación sigue siendo casi inexistente.

La Teoría de Colas describe el comportamiento de sistemas que procesan demanda con recursos limitados. Y sus conclusiones, aplicadas a la obra, son perturbadoras en su claridad.

La más importante: cuando la utilización de un sistema se acerca al 100%, el tiempo de espera no crece linealmente. Se dispara de forma exponencial. Pequeños incrementos en la carga, cerca del límite de capacidad, generan acumulaciones desproporcionadas.

Traducido a obra: un proyecto operando al 90% de utilización tiene un comportamiento radicalmente distinto al que opera al 70%. No es un 20% más cargado. Es exponencialmente más frágil ante cualquier perturbación.

Esto tiene implicancias directas para cómo se diseña la capacidad, cómo se dimensionan los buffers, cuándo es racional agregar recursos versus redistribuir carga y cómo se secuencia el trabajo para mantener estabilidad sistémica.

No hace falta dominar la matemática avanzada para aplicar este principio. Hace falta entenderlo lo suficiente para que cambie las preguntas que uno formula al planificar.